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Lo complejo no es tener orden, lo complejo es entender, generar y aprovechar el desorden

¡Adoro el desorden! Afirmación con la que Pepe Peñarroja inicia una interesante reflexión que seguro captará toda tu atención. Y es que... ¿Te has planteado alguna vez como entrenador de porteros qué oportunidades te brinda esta afirmación?

Quizás no conozcan a la persona que humildemente les va a mostrar su verdad, pero tan seguro estoy de no ser reconocido como de lo positivo de esta situación, ya que me dará la oportunidad de ser juzgado por mi opinión y no prejuzgado por la persona que existe detrás de estas líneas.

Empezaré mostrándome seguro y directo con una afirmación que igual les genera rechazo o animadversión: ¡ADORO EL DESORDEN!

Para los que tengan inquietud sobre el porqué de esta afirmación, o qué sensación quiero aflorar en el que invierte su tiempo leyendo este escrito, les comunicaré que en el mundo en el que afortunadamente me encuentro (el fútbol) entendemos que generar desorden en el oponente, incluso en uno mismo, es síntoma de que algo muy provechoso puede suceder.

Entendemos el desorden como la confusión y alteración del orden (definición de la Real academia Española). Con esta definición espero poder expresar que nunca defenderé un desorden que no sea generado desde el orden y con el objetivo de confundir y alterar el orden del oponente. Es importante comprender que como buenos polos opuestos, nunca deben ir por separado, ya que recordemos que el desorden solo puede existir con un orden previo.

Este desorden variará dependiendo de si es provocado por un mismo (con la finalidad clara de crear espacios aprovechables para superar al rival), o si son provocados para contrarrestar al oponente (en función de los movimientos que el otro equipo realice con la intención de anotar en tu portería).

Entenderán mejor mi forma de ver estos términos en el juego si les matizo que en mi forma de ver el fútbol no existe otra verdad en este deporte que no pase por el espacio y el tiempo. Los equipos buscan espacios aprovechables y tiempo donde poder tomar mejores decisiones sobre ese espacio ocupado. Esto puede provocar unos movimientos en el rival (o puede que no) que en el intento de evitar ser sobrepasados, hace que se sigan generando más espacios y más tiempo en otras zonas del campo.

El sistema de juego ayuda para detectar en qué zona podrás tener más posibilidades de superioridad o en cuales tienes más facilidad de verte superado, pero son los movimientos de los verdaderos protagonistas (los jugadores) y sus tomas de decisión los que empiezan a provocar ese desorden necesario para poder superar al rival.

Debemos minimizar riesgos, pero no limitando la zona donde buscar superioridad de tiempo y espacio, sino dando importancia en los entrenamientos a que aparezcan muchas situaciones donde deban tomar decisiones  y entender el juego.

Resulta curioso que en el deporte más visto, regulado, estructurado y controlado, sea lo incontrolable, automatizado, inesperado, generado a través del entendimiento del juego, producido a través de ese desorden ordenado lo que finalmente te da la oportunidad de disfrutar de un deporte que cada vez corre más el riesgo de convertirse en plano y exento de magia si nos permitimos prescindir de lo más valioso con lo que contamos: EL DESORDEN.

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